Firmin, de Sam Savage (I)

Ilustração de  Fernando Krahn

"Por­que a su alrededor, mirase donde mirase, tan sólo había libros. Del suelo al techo, en todas las paredes, como también a ambos lados de una partición que había en el centro de la estancia, todo estaba cubierto de estanterías de madera sin pintar, con hileras y más hileras de libros, casi hasta reventar. Y, sobre las hileras, más libros, de gran formato, en su mayor parte, metidos en cuña; y otros se alzaban del suelo en imponentes zigurats o ya­cían en montones precarios e hileras inclinadas en lo alto de la partición. El cálido y roñoso lugar en que mi madre había hallado refugio era un mausoleo de libros, un museo de tesoros olvidados, un cementerio de lo no leído y lo ilegible. Viejos volúmenes encuadernados en cuero, agrietados y mohosos, se codeaban con libros más modernos y más baratos cuyas páginas amarillen­tas se habían vuelto marrones y quebradizas por los bordes." (Savage, Sam. Firmin. Ed. Seix Barral.)

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